Es un ornitorrinco azul que me espera
en la orilla.
Es un deslizarme hasta allí para verlo.
Es un sentir sudimensión zoológica,
su clase, su especie, sus fauces
y sus pequeños ojos.
Me complica este ornitorrinco que aún no he visto
y ya estoy en duda
si existe o es una promesa.
¡Ornitorrinco azul! escapado de mis especulaciones
complacientes
¡Ornitorrinco azul! ya empiezas a pesar entre mis espejismos.
¡Ornitorrinco azul! habitas ya entre las ninfas y las sirenas.
Te haré dios, te haré un dios más,
te haré un resplandor
de reacciones y antirreacciones.
¡Ornitorrinco azul! ya me presiona tu imagen,
creada mientras usaba de mi libertad desbocada,
como potro,
como paloma disparada,
como río desbordado,
como papel y pluma al viento.
¿Qué haré cuando llegue a la orilla y no te vea,
ni pueda palpar tu lomo sedoso?
¿Qué haré cuando me enriede en tu trampa y no pueda salir
de ella?
¡Ornitorrinco azul! yo soy culpable de tu ausencia
como el recuerdo de una espina dolorosa.
¡Cómo añoraré los cánones proporcionados por la Creación!
¡Cómo añoraré los campos del Señor!
¡Donde saltan las liebres,
donde revolotean los pájaros,
donde son las verdes olas de los mares habitados por peces!
Porque me he constituido en sabio,
en rector de fuerzas,
en prefijo y sufijo de conceptos y vivencias
y juego con las manos llenas de un montón de cosas vacías.
Falso profeta que arrima el agua de los vecinos al error
de su molino.
¡Zoólogo lleno de soberbia,
que ha inventado un ornitorrinco azul!
firmado bajo el seudónimo de Hidalgo Guerra,
publicado en el libro de relatos y poemas
Señales y Esperanzas, Buenos Aires, 1980.
