Ropajes

Soliloquio bajo una sombrilla

Parece mentira, ver hombres desnudos,
tan mansos y seguros
tumbados y quemados.
en actitud de regalarle todo al tiempo
al tostamiento.

Estos mismos hombres tan indiferentes ahora,
son los que se ponen, serenos:
yelmos de guerreros,
ropas de combate, trajes de acuanautas
y astronautas,
amplias sotanas parroquiales,
togas y habitos monacales,
pieles del oso de las cavernas,
calzones de raso
y botas por si acaso,
mantos de arminio como andamiaje,
armaduras, flecos,
cascos de acero y hasta amplios plumajes.

Parece mentira, ver hombres desnudos,
tan mansos y seguros
tumbados y quemados.
en actitud de regalarle todo al tiempo
al tostamiento.

Llegué hasta la arena. Me saqué la ropa y en pantalón de baño,
me apresté a tomar sol y a tostarme según lo que correspondía.
Después, bajo la sombra de la sombrilla (pequeña sombra) ví
en mis semejantes, como y en qué manera nos habían lavado la
herencia, como nos había cambiado la calle, como fuimos dejando
en el camino despojos de cultura y experiencia, de fé, de lógica,
de seguras pautas para alcanzar la Eternidad.
Y ví que la eternidad había sido cambiada por la Momentaneidad
a través de la limitada percepción de los sentidos, que no abarcan
más de cinco dimensiones, que no alcanzan siquier a ser media docena.


publicado bajo el seudónimo de Hidalgo Guerra, en Abrenuncio, libro de poemas y relatos, Buenos Aires, 1977.